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La construcción del vía crucis en 1731 (una de los más bellas del
mundo), los
puentes de Portomourisco, Sta. Cruz y As Ermitas, las fuentes de A Dormiñona y
Rebuxín, la riqueza ornamental del interior del templo: retablos, imágenes,
pinturas, orfebrería, etc., confieren al lugar una importancia tal que lo
convierten en referencia obligada del sentir religioso de los valdeorreses y
guía espiritual de los sentimientos más hondos de los mismos.
El santuario de As Ermitas, gracias a la acción desinteresada de sus devotos, a
las aportaciones y ayudas de sus cofrades y a las donaciones particulares de
sus beneficiarios fue reuniendo una gran cantidad de fincas y bienes inmuebles
que se convirtieron en su principal sostén económico hasta que la
desamortización de 1855 le privó de ello. Orientó, entonces, sus actividades
hacia la enseñanza con una Escuela de Primeras Letras, primero, una
Preceptoría, después, y finalmente el Seminario Menor desde 1945 hasta 1963 en
que se cerró definitivamente. Todo ello sin perder de vista la atención
preferente a la intensa vida religiosa que allí se desarrolla, a la brillantez
e intensidad de los actos litúrgicos que allí se suceden y al importante papel
de principal foco de atracción y guía espiritual de todos los valdeorreses y
comarcas adyacentes que hasta allí se acercan.
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En el siglo XVIII la comarca estaba formada por las
jurisdicciones de:
Valdeorras, O Bolo, Larouco y por el Coto de Pardollán, si bien había pueblos
que pertenecían a otras como: Covas (jurisdicción de Carracedo), Sta. Cruz de
Carballeda (jurisdicción de San Martin de Castañeda), San Vicente de Leira,
Oulego, Robledo de la Lastra, Real, Porto, Veiga de Cascallá, Barrio y Castelo
(Merindad de Aguiar), y Casaio y Lardeira (Merindad de Quintanilla de
Cabrera).
La jurisdicción de O Bolo era de “realengo” mientras las de Valdeorras, Larouco y
el coto de Pardollán eran de “señorío” que ejercían los Condes de Ribadavia y la
Encomienda de Quiroga a quienes se les pagaban los derechos de "talla
servantia”, "luctuosa”, “yantar”, “baquita”, “martiniega”, “alcabala” y derecha
de "portazgo”.
Los órganos de gobierno en las citadas jurisdicciones eran: un Alcalde
Mayor, dos
Alcaldes Ordinarios, un Regidor, un Procurador General-Síndico, un Alguacil
Mayor, cinco procuradores de causa y cinco escribanos. Cargos electos, unos por
los Sres. Condes de Ribadavia y otros por los nativos del valle.
La población de la comarca era de 5.193 vecinos lo que venia a suponer unos 20.772
habitantes repartidos en 171 núcleos de población, de los cuales 2 eran villas
(O Castro y O Bolo), 32 feligresías y 137 pueblos o aldeas.
Al ser una comarca eminentemente agrícola se producían: hortalizas, legumbres,
trigo, centeno, cebada, lino, nabos, aceite, maíz, castañas, vino, cera, miel, etc.,
árboles frutales como: peras, manzanas, higos, moras, etc.; la cabaña ganadera
estaba formada por: vacuno, equino, ovino, caprino y de cerdo.
La
actividad industrial se reducía a los molinos de harina, cañales, colmenares,
batanes, palomares, hornos, fábricas de ollas, tres minas de cobre: una en
Carballal y dos en O Seixo, y una "louxeira” en Casaio, mientras la comercial
abarcaba: un mercado en Petín, ferias en O Bolo, O Castro, Fontei y Petín,
tabernas, estancos, carnicerías, panaderías, mesones, tiendas de
paños, alhondigas, etc, etc.
El siglo XIX comenzó teñido de sangre y muerte para esta
comarca cama
consecuencia del paso por estas tierras de las tropas francesas durante la
Guerra de la Independencia. Fue tal el pavor y miedo sembrado par el paso de
las tropas gabachas que se puede afirmar que el año 1809 fue uno de las más
negros de la historia contemporánea de este valle.
Las tropas francesas llegan a Valdeorras a principios del año 1809. Iban siguiendo
a las tropas anglo-españolas que se batían en retirada, capitaneadas por
Crawford, Van Alten y el Marqués de la Romana. Le seguían las pasos la
caballería de Franceschi que, inicialmente, tuvo que retroceder al Bierzo ante
la resistencia del general Mendizábal en Puente Dgo. Flórez. Entran, por fin,
el 15 de Enero de 1809 con el general Marchand y aquí estuvieron por espacio
de dos días sembrando el pánico y el terror entre los valdeorreses que
reaccionaron decidida y valientemente ante la llamada de los denominados "curas
guerrilleros”, D. Juan Ramón Quiroga y Uria, su hermano Bernardo, D. José Neira,
D. José Varela y Montero, D. José Barros y Neira, etc.(Caneda, 1989, pp. 537).
Vuelven a mediados de Junio del mismo año, cuando Soult decide abandonar Galicia por
Valdeorras rumbo a Zamora y otra vez la sangre y el terror tiñen de luto la
comarca se queman 43 casas en Petín, se registran duras acciones en Seadur y
Fontei y ocurre la toma del santuario de As Ermitas se convierte su iglesia en
cuadra para los caballos, se asesina a su sacristán, se roba cuanto había y se
amenaza con quemar el pueblo si no aparecen unas monedas de oro que el administrador
del santuario tenia escondidas. Menos mal que al final no se cumplió la
amenaza.
Después de los luctuosos y agitados días de 1809, la paz y la tranquilidad vuelven al
valle y en esa paz y tranquilidad desarrolla sus actividades pastorales el abad
de Vilamartín D. Antonio José Ruiz de Padrón, canario insigne, diputado liberal
doceañista que como tal tuvo un papel destacado en las Cortes de 1812
defendiendo
con ardor la abolición del Tribunal de la Inquisición y el Voto de Santiago.
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Estación de O barco 1890.
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Eran tiempos de cambio, eran tiempos de mudanza y así, en la reforma administrativa
llevada a cabo durante el trienio liberal 1920-23, se crea la provincia de
Villafranca del Bierzo por decreto de las Cortes de 27 de Enero de 1922, que
estaba formada par los partidos judiciales de: Villafranca, Ponferrada, Toreno,
Bembibre y O Barco de Valdeorras, con capital en Villafranca. Esta tierra queda enclavada en la que se ha denominada 5º provincia gallega
unificando una parte de las provincias de Ourense y León pero este intento tan
solo duró 19 meses, es decir, hasta Septiembre de 1923 en que la vuelta del
absolutista Fernando VII truncó esta iniciativa. Iniciativa que algo bueno
debía de tener por cuanto cada cierto tiempo reaparece, toma fuerza y se
reivindica su puesta en marcha. Y si el siglo XIX había comenzado marcado por el luto y el
terror, terminó de
una forma bien distinta. Se abría una puerta a la esperanza, al desarrollo y el
progreso con la llegada del ferrocarril. En 1883 se produjo un hecho de primerísima magnitud al quedar
abierto al tráfico,
el 1º de septiembre, la línea Palencia-La Coruña y con ella el tramo de
Valdeorras. Estas tierras veían como con el ferrocarril se facilitaba el
trasiego de las personas, de sus frutos, se creaba riqueza y esta comarca se
convertía en centro neurálgico en el fluir diario de personas y mercancías
tanto en dirección Castilla o hacia las zonas costeras gallegas. Tras numerosas vicisitudes, quiebras de compañías, retiradas de capital, disolución
de empresas, fusiones de otras, prórrogas en los plazos, comisiones de
incautación, cambios de trazados, modificación de proyectos y algunas acciones
más, la Compañía de los Ferrocarriles de Asturias, Galicia y León, puso fin a
las obras y el rey Alfonso XII con su presencia en la inauguración puso rúbrica
de oro a un proyecto ampliamente añorado y felizmente terminado.
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