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HISTORIA DE LA COMARCA DE
VALDEORRAS |
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Valdeorras es una comarca con un amplio y dilatado
acontecer histórico. El ser paso natural de entrada en Galicia, junto a su fertilidad, hizo que
estuviese poblada desde tiempos muy remotos. Su historia, en tiempos antiguos,
siempre estuvo ligada a la presencia romana en el valle y la construcción de la
“Vía XVIII”. Pero, antes de la llegada de los romanos, parece evidente la
presencia
humana por la abundancia de restos arqueológicos que se han encontrado.
La aparición de estos restos denota una cierta vida social
rural, tanto en las zonas altas
como en las más bajas o ribereñas. Son significativos los restos de
enterramientos “megalíticos” -las típicas “mámoas”- aparecidas en los montes de
Cereixido (A Rúa) y en la Sierra da Enciña da Lastra (Rubiá).
Se han localizado restos de
manifestaciones artísticas de la Edad del Bronce, bellas muestras de arte
“rupestre” al aire libre, los famosos ‘petroglifos” en las proximidades de
Valdegodos (Vilamartín), en Petín y en San Esteban de A Rúa Vella.
Más abundantes son los topónimos pertenecientes a épocas
prerromanas. La mejor
muestra de estas antiguas poblaciones son los “castros”, especies de
fortificaciones que se asentaban en zonas de media montaña. Entre estos
asentamientos "castrexos” podemos destacar los existentes en Coyas,
Pardollán, Quereño, Castelo, Portela do Trigal, O Castro, Xirimil,
Xardoal, Cabanelas (Larouco), Sta. Maria, Valencia do Sil, Arnado,
Mones, Chao do castro, Vilaseco,
A Capilla (Vilela), Castrillón, (Fontei), A Coroa (A Rua Vella), etc, etc.
Algunos -Castrillón, A Coroa- se identifican más como
antiguas fortificaciones tipo
“castellum” que como poblados propiamente dichos.
Las primeras citas históricas referentes a
Valdeorras aparecen en las fuentes clásicas: Itinerario
de Antonino, Ravenate, Ptolomeo. Es Plinio, al hablarnos de los “Gigurri’ o
“Egurros’ (como los denomina Ptolomeo), quien nos facilita las primeras
noticias al referirse a ellos como uno de los 22 pueblos dependientes del
antiguo Convento Jurídico Aturicense, con capital en Astorga. Tradicionalmente
se ha considerado a los “Guigurros”, junto con los “Calubrigensis”, como
los antiguos pobladores de Valdeorras. Tenían su capital, los unos en “Foro”
que, con la romanización adoptó el nombre de “Forum Gigurrorum”, localizada
más o menos en las proximidades del paraje denominado A Cigarrosa (A Rúa) (a 19
millas de Nemetóbriga y a 81 de Astúrica Augusta); los otros en “Calubriga”,
localizado en el paraje denominado de Calabagueiros (O Barco).
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Así pues, los “Gigurros”, primeros pobladores de la comarca, tendrían su capital y
centro comercial en “Forum Gigurrorum”, de la misma manera que los “Tiburi”
poblarían la zona de Trives y tendrían a “Nemetóbriga” por capital; los
“Nemetas” ocuparían la zona de O Bolo y Viana y su capital sería “Volobriga” y
los “Superatio” habitarían el Bierzo y tendrían “Bergidum Flavium” por capital. Con la llegada de los romanos y posterior romanización se produce un cambio
sustancial en las formas de vida de nuestros antepasados, y así: frente al
carácter montañoso de los asentamientos castreños está el carácter de
asentamiento “chairego" en planicie del poblamiento romano; y frente al habitat
castreño, que calificaríamos de concentrado, existe el romano, que se
distinguirá
por ser eminentemente disperso.
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Uno de los factores que más han influido en la romanización de la comarca fue el
paso por la misma de una de las vías romanas más importantes de la Península.
Se trata de la “Via XVIII’, conocida en el Itinerario de Antonino como “Item
alio itinere a Brácara” o también como “Via Nova” pues así figura en los
miliarios
de Tito y Domiciano del año 80 d. de C., bajo cuyo reinado se construyó.
Esta vía de comunicación que procedente de “Brácara
Augusta” (Braga), se dirige a
“Astúrica Augusta” (Astorga), tiene una extensión de 157 km., cruza Valdeorras
de SW-NE y sigue más o menos este itinerario: Puente Bibei, codos de Larouco,
Larouco, Freixido, Petín, puente Cigarrosa, Fontei, A Rúa Vella, San Miguel de
Outeiro, Vilamartin, A Rodeleira, Arcos, A Proba, O Castro, puente do Córrego,
Vilanova, puente do Regueiral, Rubiá, zona del Marquesado, Robledo da Lastra
para cruzar los Picos de Oulego por Peña Tallada, Cabarcos hasta llegar a
Bergidum Flavium.
Junto a esta vía principal había otras secundarias: la que
desde Freixido iba hacia
Viana; la que desde Freixido iba hacia Montefurada y Quiroga; la que desde
Cascallá bajaba por la margen derecha del Galir hasta Entoma y Sobradelo y
cruzando A Pontoriga seguía por A Medua, San Xusto, Puente Dgo. Flórez hasta
Las Médulas; la que desde Pontenova (Sobradelo) seguía por Casaio hacia
tierras de Sanabria; o la que desde Sobradelo seguía por Candís, Millarouso y
Viloira.
Son abundantes los restos que nos legó la presencia romana. Tenemos “puentes” como
el Bibei, Cigarrosa, Rodeleira, Entoma, Córrego, Candís, A Pontoriga, A Médua,
etc.; “lápidas” como la de A Cigarrosa, Santurxo; “aras” como la de
Viloira;
“grabados” como el de Sta. María; “capiteles” como el de A Rúa Vella;
“mosaicos" como el de A Cigarrosa; “esculturas” como la del togado de
Freixido, verraco de Viana, etc.
Tras el abandono de la comarca por parte de romanos y la
llegada de suevos y los
visigodos, en tiempos de Leovigildo y Recaredo, y tras la unificación
político-religiosa de la Península, la comarca debió de vivir un periodo de
paz y esplendor. En tierras de “Gueurres” se llegó a acuñar moneda por tres
veces -VITERICO (603-610), SISEBUTO (612-621) y SUINTILA (621-631)- en las
ceccas que estaban situadas en: GUEURRES -Valencia del Sil-, PINCIA -Pinza- y
LAURUCLO -Larouco-.
Comienzan las repoblaciones, las influencias de las grandes monasterios, la introducción
del Cristianismo, el asentamiento de las órdenes monásticas. Valdeorras, a
pesar de la fecundidad y fertilidad de sus tierras (el historiador Julia
GONZÁLEZ la denomina “el jardín de Poniente”), no acogió en sus tierras ninguna
institución monástica. Fueron varias las que aquí tuvieran posesiones y
ejercieran influencia (San Pedro de Montes, San Martín de Castañeda, Sta.
María de Carracedo, San Andrés de Espinareda, Sta. María de Acibeiro, San
Julián de Samos, Celanova, La Orden de San Juan de Jerusalén a través de la
Encomienda de Quiroga, La Orden de Santiago, Los Templarios de Ponferrada, etc.) pero todas tenían su núcleo central, su casa matriz, fuera de nuestro
valle. Valdeorras no tiene un papel principal. Es un territorio secundario en
el que los grandes monasterios se limitan a ejercer sus dominios.
Estamos asistiendo, pues, a una época de transición que
desembocará en uno de los
períodos más interesantes en el devenir histórico del valle. Será el momento en
que esta comarca adquiera personalidad propia constituyéndose en una unidad
muy concreta y con cierta independencia. Es el momento de las demarcaciones.
El territorio de “Iorres” constituyó una demarcación especial sometida sucesiva
a alternativamente a los reyes de Asturias, León y Galicia, a cuyo dominio
directo pertenecía y a cuyo frente el Rey ponía un vasalla distinguido que en
principio se le llamó “Conde” (Condado), luego "Tenente" (Tenencia)
y por
último “Señor” (Señorío).
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El primer conde de Valdeorras
fue Bernardo Gatoniz, quien, como tal, así figuraba en el acta de la solemne
consagración de la Catedral de Santiago par el rey Alfonso III el 6 de mayo de
899, donde estaban también “con todas los poderosas y con los condes Álvara,
de Luna; Vermudo, de León; Sarracino, de Astorga y del Bierzo; Bermuda, de lorres..”. A éste le sustituye Froila Díaz y sus descendientes: Ramiro Froilaz,
Rodrigo Fernández de Valduerna, otro Ramiro Froilaz, su hermana Rodrigo
Froilaz hasta que en 1336 Ramiro Flores de Guzmán (Ramiro Froilaz), último
tenente de Valdeorras, cae en desgracia ante el rey Alfonso XI, que lo
destituye y hace donación de la tierra de Valdeorras a D. Pedro Fernández de
Castro, ligando nuestra suerte, a partir de este momento, a la de la
todopoderosa familia de los Castros gallegos y consecuentemente a la Casa de Lemos.
La villa de O Castro se convierte, en este momento, en capital administrativa y
política del valle; se levanta su castillo fortaleza y por espacio de cuatro
siglos las grandes decisiones de la comarca se toman desde esta pequeña
atalaya.
Las condes de Lemos ejercen su señorío durante un tiempo hasta que un miembro de
esta familia, Dña. Juana de Castro, se casa con Dn. Luis Pimentel, entroncando
con el marquesado de Villafranca y posteriormente con el Condado de Ribadavia
hasta entrado el siglo XIX en que se redimen los señoríos y cesan estos
dominios.
El siglo XVII comienza con uno de los hechos de mayor
transcendecia y
significación de cuantos se han producido en esta comarca por las
repercusiones, de carácter espiritual-religioso, posteriores. Nos referimos a
la puesta en marcha en 1624 y construcción del santuario de Nfra. Sra. de As
Ermitas como consecuencia de la acción directa del obispo de Astorga Sr. Mesia
de Tovar, en agradecimiento por su curación milagrosa, según él, gracias a la
intercesion de la Virgen de las Ermitas, cuando estaba de visita pastoral en
San Miguel de Bidueira.
Este magnífico templo, una de las más bellas muestras del arte barroco rural de
Galicia, y sus dependencias anejas (casa hospedería, casa de los capellanes,
casa administración) contituyen un bello conjunto de edificaciones que,
asentadas en las laderas del valle del Bibei, inducen a la meditación y el
descanso.
Autor: Antonio Castro Voces.
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