Nuestros montes

 

Los montes son un tesoro de la naturaleza que hemos de cuidar y mimar.

Si pensáramos sólo en los que nos rodean en Valdeorras, haríamos lo imposible por su conservación. Nos ofrecen el tesoro incalculable de las setas.

Estamos anhelantes de que llegue la primavera o el otoño para ser arrastrados por el imán y el placer de la búsqueda de ese suculento producto que a los micólogos nos suele atraer más por el goce de la misma búsqueda que por su sabor exquisito. También podemos añadir la satisfacción de honrar a nuestros amigos con una sabrosa empanada de níscalos o un revuelto de choupís.

Una de las grandes satisfacciones de mi vida me la deparó el amigo Cristobal, maestro en micología y recurrente siempre para nuestras dudas y un mayor aprendizaje, cuando me llevó as descubrir y gozar a la reina de las setas, la amanita cesárea, que a veces también prodigan nuestros montes. Quedé alucinado de su belleza, su color y forma al principio nos remite al huevo de oro; oro también que nos oferta la naturaleza.

Si a otro tipo de riquezas nos referimos en nuestros montes y montañas, tenemos el oro negro de la pizarra que la misma naturaleza se ha empeñado en concentrar en esta zona. De todos es sabido la riqueza maderera y frutos como la castaña que revienta también nuestros montes y valles, además de su calidad reconocida.

La flora, frutos espontáneos que nos depara el monte: madroños, fresas salvajes... La fauna que encuentra en esos mismos montes casa y refugio. La flora riquísima...

A todos, acaso más a los que disfrutamos con nuestras aficiones micológicas o del simple placer de caminar y respirar naturaleza pura, nos haría felices el espectáculo de un monte limpio, cuidado, donde la vida vegetal y animal campara por sus fueros, por donde pudiéramos deambular para gozar sus encantos.

 

Me viene el recuerdo por ejemplo de los montes suizos cuidados con esmero, pero sin aspirar a tanta perfección o sí, nos gustaría que los nuestros fueran un lugar habitual de recreo y esparcimiento. Evitando su destrucción, cuidándolos como lo que son: un tesoro.

Para proteger así también ese otro tesoro a que nos referimos de las setas. Para beneficiamos de sus riquezas. Para seguir gozando de ese espectáculo único de esos sotos de castaños, robledales, bosques de abedules. Son dones de la naturaleza que hemos de cuidar. Para disfrutar de rincones únicos como nuestro maravilloso Teixedal. Para seguir sorprendiéndonos de sus secretos.

 

CEREZO